Hay un día en el que te das cuenta de que un libro no es sólo una obra escrita por alguna persona que tiene algo que contar para alguien con curiosidad, ni una herramienta de trasmisión de cultura, ni un conjunto de muchas hojas de papel encuadernadas; un libro es mucho más: es una puerta a un nuevo mundo, un mundo que nos ofrece nuevas formas de relacionarnos, un mundo que nos mira desde otra perspectiva, no nos juzga ni nos pone etiquetas. Gracias a ellos, a los libros, surgen conversaciones en las que intercambiamos nuestras opiniones, gustos e inquietudes desde una actitud respetuosa.
En 2013 encontré ese día, descubrí esta gran virtud de la literatura. fue gracias a la Asociación Entrelibros. Me ofrecieron colaborar con el grupo que llevaba a cabo un club de lectura en el Módulo de Respeto de Mujeres del Centro Penitenciario de Albolote, ni me lo pensé, lo tenía clarísimo, “contad conmigo”.
En ese momento, no imaginé cuánto iba a disfrutar, y, mejor aún, cuánto iba a aprender colaborando en esta actividad.
Cada miércoles por la tarde, mis compañeras y yo nos adentrábamos en las instalaciones como quien va a comprar al mercado de su ciudad. Para algunas personas esto podría suponer algo inquietante, entregar tu documentación, pasar por las diferentes medidas de seguridad, cruzar el patio del módulo…ese patio… Es el tramo más excitante para mí, ¿quién vendrá hoy?, ¿qué leeremos?, ¿de qué hablaremos?, ¿qué aprenderé?.
El revuelo estaba asegurado cuando llegamos. Los saludos, las preguntas, el ruido de las sillas, todo se sucede con desorden. El desorden de la alegría. Tardé poco en darme cuenta de que esa alegría no depende únicamente de la ráfaga de aire fresco que supone para estas chicas nuestra presencia allí, hay algo más que compone esa sensación. En cuanto comienza el club de lectura, casi como un milagro, el respeto se hace dueño de la sala. El texto, la persona que lo lee, la que escucha, la interpretación que se hace, la conversación que surge, los turnos de palabra, las emociones… se convierten en los actores principales de la sesión dejando a un lado las tensiones del día a día.
Las sesiones siempre tienen la misma dinámica, comienza mi compañera leyendo un par de poemas. El silencio es el rey de la sala en ese momento. La figura de la lectora se convierte en la fuente creadora de la emoción que sale a borbotones por los ojos de las chicas. Boquiabiertas, la miran mientras los sentimientos toman cuerpo de lágrima, sonrisa o suspiro. Cuando termina, las chicas desgranan con curiosidad los versos del poema.
Al hablar de poesía, es difícil tomar una única interpretación como válida; esto hace que la motivación y la participación sean más altas en las diferentes conversaciones que surgen. Al fin y al cabo de lo que se trata es de romper la barrera que existe entre las personas y la literatura.
Fue sorprendente como un poema de César Vallejo desató una larga lista de interpretaciones. Cada verso tenía una explicación y disfrutamos debatiendo sobre los distintos puntos de vista. Una a una fuimos aportando nuestro pequeño granito de arena, hasta que la comprensión del poema tomó la forma de una gran montaña. La importancia del trabajo en equipo quedó sembrada en ese momento.
La sesión continúa con la lectura de textos pertenecientes a los diferentes géneros literarios: ensayos, biografías, fragmentos de novelas, etc. La estrella, sin duda, son los cuentos, que podrían ser tomados como cosa de niños, pero cualquier adulto que lea un cuento se sorprenderá al recordar que son herramientas que alimentan nuestra inocencia, tan olvidada en estos tiempos. Frases como “Otro cuento, otro cuento” o “Pero, ¿hoy no hay un cuento?” aparecen en las sesiones habitualmente.
Tras la lectura, empieza mi aprendizaje. Nunca me ha gustado dejarme guiar por las etiquetas que la sociedad nos impone al relacionarme con una persona. Pero hay etiquetas que son tan grandes que es muy difícil luchar contra ellas. Son prejuicios que tenemos tan interiorizados que ni nos damos cuenta de que existen. Gracias a esta actividad, he sido consciente de que en mi interior existía un gran juicio- ¡yo que me creía tan empática!-, que entorpecía mis relaciones con el resto de las personas. Cualquier persona es capaz de apreciar las virtudes de la cultura, simplemente hay que presentarla de una forma atractiva y divertida de forma que se comprenda que la literatura, en este caso, es una herramienta para crecer, no sólo por el valor cultural que nos aporta, sino porque nos enseña nuevas formas de interacción.
Pero ¿qué les aporta el Club de Lectura a ellas? La curiosidad sobre esta pregunta no dejaba de atormentarme. Mi intuición me decía qué había algo más que lo que se ve a simple vista. Al fin, lo pregunté. Las respuestas rompieron de un plumazo los pocos juicios que me quedaban acerca de estas mujeres. “La lectura me quita los males”, “Aprendo a través de las experiencias de los personajes”, “Gracias al club de lectura puedo compartir mis ideas y descubrir que no soy la única que piensa así”, “En el Club la forma de hablarnos es diferente”.
Al contestarme, sin ellas saberlo, se confirmó mi sospecha de que el Club de Lectura les hace felices por algo más que por la distracción que esto supone. La lectura en grupo les ayuda a relacionarse entre ellas y a tener curiosidad por la vida, y esto, nos hace crecer a todas.
Para la Sociedad, este tipo de acciones son una forma de demostrar que es posible conseguir un mundo diferente en el que, con un pequeño esfuerzo por parte de todos, la prioridad sean las personas y no los bienes materiales. Una Sociedad que apueste por nuevas prácticas educativas en diferentes contextos, fomentando, así, aquellos valores que nos ayudan a ser mejores personas. Una sociedad, en definitiva, en la que podamos prestar un servicio a los demás sin esperar nada a cambio.
Sin lugar a dudas, la lectura te lleva a un mundo distinto. No importa dónde estés ni cómo seas, gracias a un libro puedes viajar durante mil y una noches.


«Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee, solo vive una.»
Gran reflexión que revela el inmenso poder que siempre han tenido las palabras para el ser humano.
Algunos predicen que desaparecerán los libros en formato papel en el futuro, pero la necesidad de contar historias permanecerá.
Así es Moi, en papel o en pantalla, por suerte siempre habrá algo que contar
Que relato más bueno. Humano y necesario. Tuviste mucha suerte de poder vivirlo.
La forma en la que está contada acerca una realidad escondida de la que es fácil empatizar, derribando barreras y prejuicios. Lo he disfrutado. Qué mágico tuvo que ser ver sus rostro y escuchar sus testimonios y sobre todo darles voz. Una razón porque hablar y mostrarse al mundo.
Hay muchas experiencias escondidas en el mundo, y este testimonio desprende la venda para mostrarnos una.
Gracias.